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31.10.2009 | Los niños y la comida
A cargo de: Ministerio de Educación de España

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      Los niños y la comida

Una de las primeras condiciones para crear una buena relación niños-comida es la PACIENCIA. Las prisas y la obligación son enemigos de los buenos hábitos alimentarios. Los padres deben mostrar una actitud saludable y positiva hacia la comida considerando todos los aspectos que en ella confluyen: en el supermercado, en la cocina, sentados en la mesa, etc.

Es muy importante que el mundo de la comida esté rodeado de estímulos agradables y positivos. No es recomendable que mientras se come se hable de problemas o se discuta.

Tampoco la comida se utilizará como premio o castigo ni para tranquilizar al niño. La comida es un fin en sí misma por lo tanto no puede ser un medio para conseguir cosas ni tampoco para que los padres estén contentos.

Si el niño atribuye a la comida un valor emocional podemos terminar teniendo una mala relación con los alimentos. Así mismo si los padres convierten al niño en un “pinche de cocina”, colaborando en tareas adecuadas a su edad, y le piden que acuda con ellos al supermercado metiendo algunas cosas en la cesta o ayudando en el menú semanal harán más positivo el mundo de los alimentos y conseguirán una buena relación con ellos.

Es aconsejable que el niño se sienta en la mesa con la familia cuanto antes y respete el horario de comidas. La rutina tranquiliza al niño y le da seguridad. Aquí mostramos un RITUAL orientativo que seguro más de uno conoce y pone en práctica o ha puesto más de una vez:

ANTES DE LA COMIDA
1. Lavarse las manos.
2. Ayudar a poner la mesa.
3. Sentarse (en la silla o trona)
4. Colocarse el babero (si lo necesita)
DESPUÉS DE LA COMIDA
1. Quitarse el babero.
2. Ayudar a recoger la mesa.
3. Lavarse las manos.

Podemos adoptar otro programa o ritual que quizá sea más adecuado. Se concreta de la siguiente forma. Cuando la madre o el padre ponga la cantidad de comida en el plato, ésta irá al principio en platos pequeños y de manera justa para que se termine todo. Poco a poco se aumentará la ración. Después de que el niño haya cumplido su primer año debe tener su plato y sus cubiertos, con un vaso de plástico y con asas.

Y sintiéndolo mucho para una gran mayoría de padres que lean este artículo hay que decir que se deben evitar estímulos que distraigan la atención de los niños como la televisión.

Cuando superan el año y medio querrán “jugar” con la comida y no admitirán ayuda de ningún tipo. Es conveniente respetar esta tendencia natural siguiéndole la corriente y ayudándole sin que se note. Aunque se manche recordemos la REGLA DE ORO: PACIENCIA E INSTRUCCIONES CLARAS Y SISTEMÁTICAS.

Cuando el niño pase de los 2 años es buen momento para utilizar el tenedor y enseñarle cómo debe comportarse en la mesa. También es un momento ideal para introducir nuevos alimentos no dejando que él escoja.

A partir de los 3 años puede comenzar a rechazar algún alimento: hay que evitar las discusiones y afrontar la situación con alternativas inteligentes: rebozados, en trocitos, etc.

Después de los 4 años ya se le puede llevar a algún restaurante.

Los padres deben enseñar a los hijos que comer es un auténtico placer. Sin traumas, sin precipitar las cosas. La buena nutrición empieza por disfrutar en la mesa, todos juntos, sin dramas, sin broncas ni chantajes; intentando que esos ratos que la familia se reúne sean de verdadera armonía y agradable conversación. No hacer una tragedia por que quieran mezclar el plátano con foie-gras.


Todo lo dicho hasta el momento nos está pareciendo muy bien mientras las cosas van bien pero, claro, más de un lector estará pensando en una cuestión clave: ¿QUÉ HACER CUANDO LOS NIÑOS NO COMEN? Todos los padres quieren que sus hijos coman bien. La falta de apetito es uno de los problemas que más atormentan a los padres llegando a producir dramas familiares.

Antes de entrar en la batalla veamos algunas causas:
  

1. Pocas veces es un trastorno orgánico. Sólo si la inapetencia es crónica se puede efectuar un chequeo.
2. Puede aparecer la inapetencia antes o después de una enfermedad.
3. Hay temporadas como el verano que influyen negativamente en el apetito.
4. Vigilar los “picoteos” entre horas.
5. Hay dos épocas críticas: alrededor de los 10 meses y cerca de los 2 años.

  Sin embargo la mayoría de los conflictos obedecen a causas emocionales: el niño se niega a comer, los padres se preocupan...

   

Este círculo vicioso se puede romper sirviéndole su comida favorita, prestándole mucha atención y cariño fuera de las comidas y no culpabilizándole de nada. También nos pueden ser de utilidad las siguientes pautas:

1. Actuar y no discutir con el niño.
2. Constancia con el plan.
3. Cuando pase el tiempo pactado retirar el plato sin explicaciones.
4. Calma ante los intentos de rebeldía.
5. El éxito es del niño, no presumamos los padres.
6. Los padres deben mentalizarse para los momentos duros.

Y es que no debemos olvidar que LA CONSTANCIA ES UN ARMA IMPRESCINDIBLE PARA EDUCAR. No deben pensar los padres que es tarea fácil educar en una nutrición correcta a un niño inapetente ni que aun siguiendo las pautas y recomendaciones anteriores se solucionará el problema en una semana.

Se come por necesidad no por obligación. El hambre es la normal demanda de alimento. Es diferente al apetito que es el normal deseo de satisfacer el gusto. La conducta alimenticia necesita una guía y nadie mejor que la madre, el padre o ambos para afrontarlo.

A modo de resumen digamos que cuando el apetito es bajo puede ser un fenómeno natural que clasificaremos en transitorio, global o parcial. La falta de apetito es transitoria cuando existe un trastorno orgánico ocasional; cuando existe un trastorno psicológico o si existe un trastorno funcional subyacente. Por otro lado, hablamos de falta de apetito global si el niño rechaza todos los alimentos por lo que estaríamos ante un proceso orgánico. La falta de apetito es parcial si el niño come unas cosas sí y otras no, se trata en este caso de un error pedagógico.

Ya que estamos hablando de la inapetencia, es interesante recordar algunas curiosidades sobre la misma:

A los niños no les gustan los sabores fuertes.
Tampoco se debe imponer “la prisa” que tenemos los adultos.
Puede ser beneficiosa una separación transitoria entre padres e hijos.
Obligar a un niño a comer algo que no quiere puede ser contraproducente.

Como última recomendación hay que decir que si el problema se hace crónico y llega a crear malestar emocional sin soluciones en la familia, es el momento de consultar con un especialista. Es el caso de los DESORDENES ALIMENTARIOS EN LA ADOLESCENCIA. Los jóvenes suelen tener problemas alimenticios comunes como puede ser comer demasiado. Esto es consecuencia del estrés y otros malos hábitos nutritivos. Pero la mayor gravedad son dos desórdenes psiquiátricos conocidos ya por todos y que por desgracia son muy frecuentes: la anorexia nerviosa y la bulimia. Son frecuentes en muchachas o mujeres, aunque cada vez más también en chicos. A veces es difícil para los padres reconocer los síntomas ya que los jóvenes los ocultan incluso durante años. Las consecuencias pueden ser fatales.

El psiquiatra de niños y adolescentes está preparado para evaluar, diagnosticar y dar tratamiento ante estos desórdenes. Los padres tienen que estar alerta ante la obsesión por la comida o la distorsión de la imagen del cuerpo de sus hijos. Aquí señalamos algunos indicios de peligro:

1. La adolescente con anorexia nerviosa es perfeccionista con buenas calificaciones.
2. La adolescente se subestima, cree que está gruesa aun cuando pierda peso. Sólo cree controlar su vida cuando dice “no” a la demanda de comida que necesita su cuerpo.
3. En la bulimia, la paciente ingiere grandes cantidades de comida que luego vomita y toma laxantes para purgarse.

Cuando vomitan dejan correr el agua del baño para que no se oiga y en cuanto a las purgas representan un serio peligro para su salud física: deshidratación, desequilibrio hormonal e importante daño a los órganos vitales.

Con un adecuado tratamiento en equipo se puede controlar y eliminar el problema. En él se incluirá terapia individual y familiar complementando con el trabajo del médico, nutricionista y los medicamentos.


BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA CON EL TEMA:

BERNABÉ TIERNO: “Tu hijo: problemas y conflictos
Ediciones Temas de Hoy. Colección Fin de siglo. 4ª edición, Madrid 1994

BRIDGET SWINNEY: “Comidas sanas, niños sanos” Guía de alimentación saludable para que sus hijos gocen de buena salud.
Oniro, S. A.

CARLOS GONZÁLEZ: “Mi niño no me come” Consejos para prevenir y resolver el problema.
Temas de Hoy

CAROLYN MOORE, ROBERT J. SHUKMAN Y MIMI KERR: ” La alimentación del niño
Editorial: Médici

DR. JOHN PEARCE: “Comer, manías y caprichos” Soluciones para niños que no comen o que comen demasiado
Paidós Ibérica

PATSY WESTCOTT: “Alimentación sana para bebés y niños pequeños”
Editorial: Hispano Europea, S. A.

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